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Colonia1545 — 18258 min de lectura

Potosí: el Cerro Rico y la plata que movió el mundo

En pocas palabras

Potosí y su Cerro Rico, la mayor fuente de plata del mundo colonial: cómo esta montaña andina transformó la economía global a costa del trabajo indígena.

En este artículo
  1. El descubrimiento y el auge de la Villa Imperial
  2. El sistema de la mita: el combustible humano
  3. La plata y el reordenamiento del mundo
  4. La ciudad que lo tuvo todo y lo perdió
  5. Cronología del Cerro Rico
  6. El legado de la montaña que se fue consumiendo

En 1545, un pastor indígena llamado Diego Huallpa acampó en la ladera de una montaña del altiplano andino y encendió una fogata. Según una de las versiones de la leyenda —hay otras, y todas deben tomarse con cautela—, el calor fundió la roca y de ella brotaron hilos de plata. Verdad o mito, el descubrimiento de las vetas del Cerro Rico de Potosí desencadenó uno de los mayores procesos de extracción de riqueza de la historia. Durante casi tres siglos, aquella montaña de casi 4.800 metros, en lo que hoy es Bolivia, alimentó el Imperio español, inundó de plata los mercados de Europa y Asia y lo hizo a costa del trabajo forzado de decenas de miles de indígenas.

Potosí es, en muchos sentidos, la historia de la Colonia concentrada en un cerro.

El descubrimiento y el auge de la Villa Imperial

La noticia de las vetas se extendió con la velocidad característica de las fiebres del metal. En 1545, apenas semanas después del hallazgo, comenzó la fundación de la Villa Imperial de Potosí. En pocos años se convirtió en una aglomeración de decenas de miles de personas. Un censo de 1611, cuyas cifras discuten los historiadores, le atribuía unos 160.000 habitantes: aunque la cifra real fuera menor, Potosí era una de las mayores ciudades del mundo occidental, comparable a las grandes capitales europeas, pero enclavada a unos cuatro mil metros de altitud en uno de los terrenos más inhóspitos del planeta.

El Cerro Rico era una anomalía geológica excepcional: un cono volcánico atravesado por vetas de plata de una riqueza extraordinaria, sobre todo en sus capas superiores. Las primeras décadas de explotación fueron relativamente sencillas: las vetas superficiales eran ricas y accesibles. Los mineros —inicialmente encomenderos españoles con trabajadores indígenas a su cargo, sobre todo yanaconas— extraían el mineral con herramientas simples y lo fundían en huayras, pequeños hornos de viento de tradición andina que los propios indígenas controlaban.

Pero la bonanza inicial tenía un límite físico: las vetas superficiales se agotaron en pocas décadas. La crisis llegó en los años 1560, cuando la producción empezó a caer de forma alarmante. La solución vino de Nueva España: la técnica de amalgamación con mercurio, el llamado beneficio de patio, puesta a punto en Pachuca hacia 1555 por el sevillano Bartolomé de Medina y llevada al altiplano en 1571-1572 por Pedro Fernández de Velasco, que la había conocido en México. El mercurio, procedente sobre todo de Huancavelica, se mezclaba con el mineral triturado para separar la plata. El proceso era más eficiente y permitía trabajar con minerales de menor concentración. También era extraordinariamente tóxico. La historia de la minería colonial andina no puede entenderse sin esa ecuación: más plata, más veneno, más muertos.

El sistema de la mita: el combustible humano

El nuevo método requería mano de obra masiva y barata. El virrey Francisco de Toledo —que gobernó el Perú entre 1569 y 1581 y es el verdadero arquitecto del sistema colonial andino— reorganizó la mita prehispánica para convertirla en una máquina de suministro de trabajadores forzados. Dieciséis provincias del sur andino quedaron obligadas a enviar cada año a Potosí una séptima parte de sus tributarios varones de entre dieciocho y cincuenta años: unos trece mil quinientos hombres al año en tiempos de Toledo.

El mitayo —el indígena obligado por turno— caminaba semanas, a veces meses, desde su comunidad hasta el cerro. Trabajaba en jornadas agotadoras, bajando a galerías cada vez más profundas y mal ventiladas, inhalando polvo de sílice; en los ingenios de refinado, además, respiraba vapores de mercurio. Arrastraba sacos de mineral de decenas de kilos por escaleras de cuero en la oscuridad. Cobraba un salario mísero que rara vez cubría los costes del viaje y la manutención. Muchos no volvían.

No existe un recuento fiable de los muertos. La cifra de ocho millones que circula ampliamente carece de base documental y los especialistas la rechazan, pero nadie discute que la mortalidad, el desarraigo y la huida de las comunidades sujetas a la mita fueron enormes. Eduardo Galeano, en Las venas abiertas de América Latina, popularizó una vieja imagen: con la plata de Potosí podría haberse tendido un puente hasta España, y con los huesos de los indígenas muertos, otro de regreso.

La plata y el reordenamiento del mundo

La producción de Potosí alcanzó su máximo hacia 1590 y se mantuvo alta hasta mediados del siglo XVII. En esas décadas, el cerro fue la mayor fuente individual de plata del mundo; algunos autores le atribuyen cerca de la mitad de la producción mundial, aunque las cifras son discutidas. Las estimaciones de lo extraído entre 1545 y 1800 se cuentan por decenas de miles de toneladas, sin contar la plata que escapó al fisco.

Esa masa de metal no se quedó en España. Fluyó por rutas comerciales que conectaban Sevilla con Génova, Lisboa con Ámsterdam, Acapulco con Manila. Los galeones de la Flota de Indias transportaban la plata en barras hasta Sevilla, donde la Casa de Contratación la registraba y gravaba. De allí, buena parte viajaba a pagar las deudas de la Corona con los banqueros genoveses y flamencos, a financiar los ejércitos que combatían en los Países Bajos y en Italia, y a comprar los productos manufacturados que España no producía.

El efecto más paradójico es que la abundancia de plata pudo perjudicar a la propia economía castellana. Muchos historiadores económicos lo comparan con lo que hoy se llama «enfermedad holandesa»: la entrada masiva de metal precioso contribuyó a subir los precios en Castilla —la llamada revolución de los precios del siglo XVI— y restó competitividad a la manufactura local. España se convirtió en un conducto por el que la riqueza americana circulaba hacia el norte de Europa sin consolidar una economía productiva propia.

La ciudad que lo tuvo todo y lo perdió

Potosí en su apogeo era una ciudad de contrastes violentos. Cronistas como Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela describieron, con no poca exageración, fiestas en las que las calles se pavimentaban con barras de plata, y una élite criolla y española que gastaba fortunas en sedas asiáticas llegadas por la ruta del Galeón de Manila, joyas, esclavos africanos y banquetes. Al mismo tiempo, en las laderas del Cerro Rico, decenas de miles de mitayos vivían en condiciones de miseria absoluta.

La ciudad tenía también una dimensión cultural notable. Florecieron iglesias barrocas —la ciudad es Patrimonio de la Humanidad desde 1987—, colegios, cofradías y una vida intelectual que produjo cronistas propios, como el citado Arzáns. Pero la riqueza era frágil porque dependía de un único recurso no renovable que se agotaba a medida que los mineros se hundían más en las entrañas del cerro.

El declive comenzó a principios del siglo XVII y se agravó a partir de 1650. Las vetas más ricas estaban agotadas; extraer mineral de las galerías profundas requería inversiones cada vez mayores con rendimientos decrecientes. La población de la ciudad empezó a caer. Los impuestos que la Corona recaudaba de las minas se desplomaron, contribuyendo a la crisis financiera que sacudió a los Habsburgo en el siglo XVII. En el siglo XVIII hubo una recuperación parcial —se construyó la nueva Casa de la Moneda entre 1759 y 1773—, pero Potosí ya no volvió a ser lo que había sido.

Cronología del Cerro Rico

FechaAcontecimiento
1545Descubrimiento de las vetas del Cerro Rico; fundación de la Villa Imperial de Potosí
1545–1565Primera fase de auge con fundición en huayras
1572–1573Se implanta la amalgamación con mercurio y llega la primera mita organizada por Toledo; se funda la primera Casa de la Moneda
c. 1590Máximo de la producción de plata
1611Un censo atribuye a la villa unos 160.000 habitantes (cifra discutida)
c. 1650El declive productivo se acelera
1759–1773Construcción de la nueva Casa de la Moneda
1825Independencia de Bolivia; fin del período colonial

El legado de la montaña que se fue consumiendo

Hoy el Cerro Rico sigue siendo explotado por cooperativas mineras bolivianas, aunque la montaña se ha hundido varios metros en su cima debido a los siglos de excavación. Los mineros trabajan en condiciones que, en muchos aspectos, no han mejorado radicalmente respecto a las del período colonial: sin protección adecuada contra el polvo de sílice y los gases tóxicos, en galerías estrechas y mal ventiladas. Según diversos informes, la esperanza de vida de muchos mineros apenas supera los cuarenta y cinco años.

El debate historiográfico sobre Potosí sigue abierto en varios frentes. Los especialistas discuten las cifras de mortalidad, la naturaleza exacta del sistema de mita —si era esclavitud encubierta o una forma de trabajo compulsivo con ciertos márgenes de negociación—, el peso del trabajo asalariado, que Peter Bakewell subrayó en Mineros de la montaña roja, y el papel de los indígenas como agentes activos en la economía minera más allá de su condición de víctimas. Investigadoras como Jane Mangan han mostrado que las mujeres indígenas potosinas participaron en redes comerciales propias, vendiendo coca, comida y chicha a los mineros, y acumulando en algunos casos pequeños capitales. La historia de Potosí no es solo la historia de los que murieron en el cerro.

Lo que está fuera de debate es la escala del fenómeno. Potosí no fue simplemente una mina rica: fue uno de los motores que financiaron el Imperio más extenso de su tiempo y una pieza clave en la conexión de las economías de América, Europa y Asia. Cervantes ya citaba en el Quijote las minas del Potosí como medida de una riqueza incalculable, y la expresión «vale un Potosí» sigue viva en el español para designar algo de valor casi inconcebible.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1545.

Para leer más

Las venas abiertas de América Latina

Eduardo Galeano

El ensayo más influyente sobre la explotación colonial de los recursos americanos, con Potosí como símbolo central del saqueo sistemático.

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Mineros de la montaña roja: el trabajo de los indios en Potosí, 1545-1650

Peter Bakewell

Estudio clásico sobre la mano de obra del Cerro Rico, que matiza la imagen de la mita con el peso creciente del trabajo asalariado.

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Imperio: la forja de España como potencia mundial

Henry Kamen

Una síntesis de cómo la Monarquía hispánica se convirtió en potencia mundial, con la plata americana como uno de sus pilares.

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