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Historia de América
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Colonia1542 — 18249 min de lectura

El Virreinato del Perú: tres siglos de dominación española en Sudamérica

En pocas palabras

El Virreinato del Perú fue la mayor entidad colonial española en América del Sur. Su historia, instituciones, economía minera y declive hasta la independencia.

En este artículo
  1. Fundación y estructura de gobierno
  2. La economía de la plata: Potosí como motor del mundo
  3. Sociedad colonial: la pirámide de castas
  4. Cronología del Virreinato del Perú
  5. Las reformas borbónicas y la crisis del orden colonial
  6. El fin del virreinato y la independencia

En 1542, la Corona española firmó las Leyes Nuevas y creó, de un plumazo burocrático, la entidad política más vasta que jamás había gobernado un monarca europeo en el continente americano: el Virreinato del Perú. En su apogeo del siglo XVII, este territorio se extendía desde Panamá hasta el Río de la Plata, desde la costa del Pacífico hasta las selvas del Amazonas, englobando lo que hoy son una docena de países. Una masa de tierra tan grande que ningún virrey podía recorrerla en su integridad en el tiempo que duraba su mandato.

Pero el Virreinato del Perú no fue solo una unidad administrativa. Fue, junto a Nueva España, uno de los dos pilares económicos del Imperio español durante más de dos siglos, el mayor productor de plata que el mundo había conocido hasta entonces, y el laboratorio donde se construyó —sobre los cimientos destruidos del Tahuantinsuyo— una sociedad colonial extraordinariamente compleja, jerarquizada y, en muchos aspectos, violenta. Su historia es la de buena parte de América del Sur durante trescientos años.

Fundación y estructura de gobierno

La decisión de crear el Virreinato del Perú respondía a dos urgencias simultáneas. La primera era política: las guerras civiles entre los propios conquistadores —Pizarro contra Almagro, los Pizarro entre sí— habían demostrado que el nuevo territorio no podía gobernarse desde la distancia mediante capitulaciones privadas. La Corona necesitaba establecer una autoridad real directa. La segunda era moral, o al menos moral en el vocabulario de la época: las denuncias de Bartolomé de las Casas sobre los abusos de la encomienda habían llegado a la corte, y Carlos I intentó limitar —con escaso éxito— el poder de los encomenderos mediante las mismas Leyes Nuevas que creaban el virreinato.

El primer virrey, Blasco Núñez Vela, llegó a Lima en 1544 con instrucciones de aplicar las Leyes Nuevas. Enfrentado a la Audiencia y a los encomenderos, fue depuesto y murió en 1546 en la batalla de Añaquito, frente a las fuerzas de Gonzalo Pizarro. La paradoja fundacional del virreinato quedaba así establecida: una autoridad nominal enorme sobre el papel que, en la práctica, debía negociar constantemente con los poderes locales que el proceso de conquista había creado.

La estructura de gobierno que se consolidó a lo largo del siglo XVI combinaba varias instituciones. El virrey era el representante personal del rey, con poderes civiles, militares y en parte eclesiásticos, pero estaba flanqueado por la Audiencia —un tribunal de justicia que también tenía funciones de gobierno— y controlado desde Madrid a través del Consejo de Indias. La sede del poder fue Lima, fundada por Pizarro en 1535 en la costa, bien comunicada por mar con Panamá y alejada del Cusco y de la memoria del Imperio inca: una decisión geográfica con una evidente dimensión política.

La economía de la plata: Potosí como motor del mundo

Si hay un elemento que define la historia económica del Virreinato del Perú, es el cerro de Potosí y la plata que extrajo de sus entrañas. Descubierto en 1545, apenas tres años después de la creación del virreinato, el yacimiento de Potosí resultó ser el mayor depósito de plata conocido hasta entonces, y a finales del siglo XVI era la mayor fuente individual de plata del mundo.

Las cifras son difíciles de aprehender en términos modernos. Según los cálculos clásicos de Earl J. Hamilton, entre 1503 y 1660 llegaron a Sevilla cerca de 17.000 toneladas de plata registrada procedente de América, una parte muy importante de ella andina. Esta plata no se quedó en España: fluyó hacia los banqueros alemanes y genoveses a quienes la Corona debía dinero, hacia los Países Bajos para sufragar las guerras, hacia el comercio con Asia y finalmente hasta China, donde la demanda de plata para sus transacciones comerciales era casi insaciable. El Virreinato del Perú conectó de manera involuntaria la economía andina con la primera globalización.

El precio de esta riqueza fue pagado, casi en su totalidad, por la población indígena. El sistema de la mita minera obligaba a los pueblos de dieciséis provincias andinas a enviar cada año a Potosí la séptima parte de sus tributarios varones, que servían en las minas durante un año. Las condiciones en el interior del Cerro Rico —sin ventilación adecuada, con exposición constante al mercurio usado en el proceso de amalgamación, con accidentes frecuentes— hacían que muchos mitayos no regresaran. Según las estimaciones de Noble David Cook en La catástrofe demográfica andina, la población del territorio peruano pudo pasar de varios millones de habitantes en vísperas de la conquista a menos de un millón hacia 1620, aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de debate y las epidemias fueron la principal causa del desplome.

Sociedad colonial: la pirámide de castas

La sociedad virreinal peruana era una construcción jurídica y social de notable complejidad. En su vértice se encontraban los españoles peninsulares —los llegados directamente desde España, que monopolizaban los cargos más importantes— y, en un escalón ligeramente inferior pero más numeroso, los criollos, españoles nacidos en América. Esta distinción entre peninsulares y criollos, que en el siglo XVI parecía menor, se convertiría en el siglo XVIII en el principal motor de tensión política dentro del virreinato.

Por debajo de los españoles, el sistema de castas clasificaba a la población según su origen racial y sus mezclas. Los mestizos —hijos de español e indígena— ocupaban una posición intermedia, variable y frecuentemente ambigua. Los indígenas constituían la mayoría de la población y soportaban la mayor carga fiscal a través del tributo. Los africanos esclavizados, traídos para trabajar en las haciendas costeras y en los servicios domésticos urbanos, formaban otro estrato. Las mezclas entre todos estos grupos generaron numerosas categorías —mestizo, zambo, mulato, cuarterón, quinterón— que las series de pinturas de castas, sobre todo novohispanas, representaron en el siglo XVIII; en Lima, el virrey Manuel de Amat encargó en 1770 una serie para el gabinete de historia natural del príncipe de Asturias.

La Iglesia católica atravesaba todos estos estratos sociales. Las órdenes mendicantes —dominicos, franciscanos, agustinos— habían llegado con la conquista y establecido una red de doctrinas o parroquias rurales donde intentaban evangelizar a la población indígena. Los jesuitas, llegados más tarde, construyeron las instituciones educativas más importantes del virreinato. La Inquisición tenía su tribunal en Lima desde 1570, aunque, significativamente, los indígenas quedaban fuera de su jurisdicción —eran considerados neófitos, nuevos en la fe, y juzgados por tribunales eclesiásticos ordinarios—.

Cronología del Virreinato del Perú

FechaAcontecimiento
1533Conquista del Cusco; colapso del Tahuantinsuyo
1535Francisco Pizarro funda Lima como capital
1542Carlos I firma las Leyes Nuevas; creación oficial del Virreinato del Perú
1544Llega el primer virrey, Blasco Núñez Vela; muere en 1546 en Añaquito
1545Descubrimiento del Cerro Rico de Potosí
1570Establecimiento del Tribunal de la Inquisición en Lima
1572El virrey Francisco de Toledo ejecuta al inca Túpac Amaru I; consolidación del orden virreinal
1776Creación del Virreinato del Río de la Plata; el Perú pierde el Alto Perú y Buenos Aires
1780–1781Gran rebelión de Túpac Amaru II; la mayor sublevación colonial de América del Sur
1821José de San Martín proclama la independencia del Perú en Lima
1824Batalla de Ayacucho; fin definitivo del dominio español en América del Sur

Las reformas borbónicas y la crisis del orden colonial

El siglo XVIII trajo al trono español la dinastía borbónica, de origen francés, con un programa de modernización del Estado que alteró profundamente el equilibrio del Virreinato del Perú. Las reformas borbónicas, implementadas sobre todo desde 1760, buscaban aumentar la recaudación fiscal, racionalizar la administración y romper el poder de las elites criollas locales.

Una de las consecuencias más importantes fue la creación en 1776 del Virreinato del Río de la Plata, que desgajó del peruano las riquísimas provincias del Alto Perú —donde estaba Potosí— y el litoral atlántico. El Perú perdía de golpe su razón de ser económica más poderosa. Al mismo tiempo, la Corona reforzó el control peninsular sobre los cargos administrativos, desplazando a los criollos que habían ido ocupando posiciones de influencia.

El resultado fue predecible: el descontento criollo creció, pero no fue el único. Las reformas también aumentaron la presión fiscal sobre la población indígena, lo que provocó en 1780 la mayor rebelión de la historia colonial sudamericana: el levantamiento de José Gabriel Condorcanqui, que adoptó el nombre de Túpac Amaru II en memoria del último inca ejecutado dos siglos antes. La rebelión se extendió por el sur peruano y el Alto Perú, sacudió los cimientos del sistema colonial durante casi dos años y fue sofocada con una brutalidad extraordinaria. Túpac Amaru II fue ejecutado en el Cusco en 1781, junto a su esposa Micaela Bastidas, uno de sus hijos y varios colaboradores, en un espectáculo de violencia pública diseñado para imponer el terror. Pero el orden que esa violencia pretendía preservar no sobreviviría cuatro décadas más.

El fin del virreinato y la independencia

Las guerras napoleónicas en Europa trastocaron el tablero político americano de manera definitiva. La ocupación francesa de España en 1808, las abdicaciones de los Borbones en Bayona y la instalación de José Bonaparte en el trono crearon una crisis de legitimidad que los virreinatos no pudieron absorber. ¿A quién debía obedecer el virrey si no había rey legítimo?

En el caso del Perú, la independencia llegó más tarde que en otros territorios y de una manera peculiar. Lima y su elite criolla eran, paradójicamente, uno de los bastiones más fieles a la Corona: demasiado beneficiados por el sistema colonial para querer destruirlo. Fue necesaria la llegada de los ejércitos libertadores externos —el de José de San Martín desde el sur en 1820-1821, y el de Simón Bolívar desde el norte en 1823-1824— para que la independencia se impusiera militarmente. La batalla de Ayacucho, ganada por Antonio José de Sucre el 9 de diciembre de 1824, puso fin al último ejército realista importante en América del Sur.

Tres siglos de Virreinato del Perú dejaron una herencia de enorme complejidad: ciudades de arquitectura barroca mestiza, una lengua española profundamente marcada por el quechua y el aymara, estructuras de desigualdad social que todavía eran visibles en el siglo XX, y una memoria histórica que los peruanos siguen negociando consigo mismos.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1542.

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Luna, sol y brujas: géneros y clases en los Andes prehispánicos y coloniales

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La catástrofe demográfica andina: Perú 1520-1620

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