Descubrimiento1454 — 15129 min de lectura
Américo Vespucio y el nombre de América
En pocas palabras
Américo Vespucio y el nombre de América: sus viajes, el Mundus Novus, el debate sobre sus cartas y por qué Waldseemüller bautizó el continente en 1507.
En este artículo
En 1507, un grupo de humanistas y cartógrafos reunidos en la pequeña ciudad lorenesa de Saint-Dié-des-Vosges tomó una decisión de largo alcance: bautizar las tierras recién descubiertas al otro lado del Atlántico con el nombre de un navegante florentino llamado Amerigo Vespucci. Lo hicieron en un mapa —la llamada Universalis Cosmographia de Martin Waldseemüller— y en un breve tratado teórico adjunto. El nombre prendió. Colón, que había llegado primero, se quedó sin continente. Vespucio, que llegó después, le prestó su nombre a medio mundo.
La historia de por qué ocurrió esto es menos injusta de lo que parece y más compleja de lo que suele contarse.
Un florentino en el mundo de los negocios marítimos
Amerigo Vespucci nació en Florencia el 9 de marzo de 1454, en el seno de una familia de la burguesía letrada y bien relacionada. No era un marino de carrera, sino un hombre de negocios con inquietudes intelectuales: trabajó en Florencia para Lorenzo di Pierfrancesco de Médici, de la rama segundona de la familia, y hacia 1491-1492 se trasladó a Sevilla, donde colaboró con el mercader florentino Juanoto Berardi, que abastecía las flotas de Colón. A la muerte de Berardi, en 1495, Vespucio quedó al frente de sus negocios de aprovisionamiento. En ese papel conoció de primera mano el mundo de la exploración: los instrumentos, las cartas de navegar, los relatos de los pilotos.
Fue a través de estos contactos como Vespucio obtuvo la oportunidad de embarcarse él mismo. Los textos impresos con su nombre le atribuyen cuatro viajes, en 1497, 1499, 1501 y 1503. La mayoría de los historiadores solo acepta con seguridad dos. El primero, en 1499-1500, bajo pabellón castellano, en la armada de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa, recorrió la costa venezolana; Vespucio parece haberse separado con parte de la flota hacia el sur, hasta las cercanías de la desembocadura del Amazonas. El segundo, en 1501-1502, al servicio de Portugal, siguió durante meses la costa del actual Brasil y quizá alcanzó latitudes muy australes; si llegó o no al Río de la Plata sigue discutiéndose. El viaje de 1497, que lo convertiría en el primer europeo en tocar el continente, es rechazado por casi todos los especialistas.
Lo que diferenciaba a Vespucio de la mayoría de los navegantes de su época era su capacidad para observar y escribir. Llevaba instrumentos de navegación astronómica, se interesó por el cálculo de la longitud mediante la observación de la Luna y describió con detalle las costas, los pueblos y la naturaleza que encontraba, aunque sus mediciones eran mucho menos precisas de lo que él daba a entender.
El Mundus Novus: la idea que cambió todo
Hacia 1503 —los debates sobre la datación exacta siguen abiertos— circuló en Europa un texto breve en latín atribuido a Vespucio con el título de Mundus Novus, «Mundo Nuevo». Era, en esencia, una carta dirigida a su antiguo patrón Lorenzo di Pierfrancesco de Médici en la que Vespucio describía su viaje al servicio de Portugal y, lo más importante, formulaba una tesis revolucionaria: las tierras que él y otros navegantes estaban explorando al sur de la línea ecuatorial no eran las costas de Asia, como Colón había sostenido hasta el final de su vida. Eran algo completamente distinto: un cuarto continente que los antiguos no habían conocido.
El texto justificaba el nombre de «nuevo mundo» porque ninguna de aquellas tierras había sido conocida por los antiguos, y describía un continente más poblado que Europa, Asia o África. No era el primero en usar la expresión —el humanista Pedro Mártir de Anglería hablaba ya de un novus orbis en sus cartas desde 1493—, pero sí quien la convirtió en tesis geográfica y la llevó a la imprenta. Suponía una ruptura con la geografía ptolemaica que había dominado el pensamiento europeo durante más de un milenio.
El Mundus Novus fue un éxito editorial extraordinario. Se tradujo al alemán, al italiano y al neerlandés, entre otras lenguas, y en pocos años se multiplicaron sus ediciones por las ciudades europeas. El texto de las cartas de Vespucio llegó a más lectores cultos en más idiomas que cualquier relato de Colón. Europa aprendió que había un Nuevo Mundo, y aprendió ese concepto con el nombre de Vespucio firmando el texto.
Hay, sin embargo, una complicación que la historiografía no ha resuelto. Además de los textos impresos —el Mundus Novus y la llamada Carta a Soderini, de 1505—, se conservan tres cartas manuscritas de Vespucio a Lorenzo di Pierfrancesco, fechadas en Sevilla en 1500, en Cabo Verde en 1501 y en Lisboa en 1502. Muchos especialistas consideran auténticas estas cartas privadas y creen que los impresos fueron reelaborados, o directamente fabricados en parte, por editores que buscaban un éxito de ventas. Qué pensó exactamente Vespucio, y cuánto le añadieron sus impresores, sigue siendo objeto de debate.
Waldseemüller y el bautismo cartográfico
En 1507, los humanistas del círculo de Saint-Dié, conocido como Gimnasio Vosgense —con el cartógrafo Martin Waldseemüller y el poeta Matthias Ringmann a la cabeza—, publicaron dos piezas paralelas: el tratado Cosmographiae Introductio y la gran Universalis Cosmographia, un mapa del mundo en doce hojas que representaba por primera vez las tierras del Atlántico occidental como un continente separado de Asia, rodeado de océano por todos sus lados.
En ese mapa, el nombre «America» aparecía impreso sobre las tierras del sur. En el tratado, Ringmann lo explicaba con una lógica que, en su momento, parecía perfectamente razonable: los otros tres continentes conocidos llevaban nombres femeninos derivados de personajes míticos o históricos (Europa, Asia, África); el nuevo debía llevar también un nombre femenino derivado de su descubridor. Y el descubridor, a ojos de Ringmann, era Amerigo Vespucci, cuya versión latinizada era Americus y cuya forma femenina latina resultaba America.
Waldseemüller afirmó más tarde que se habían impreso unos mil ejemplares de su mapa, un número enorme para la época. Solo ha sobrevivido uno, que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos compró en 2003 y que la UNESCO inscribió en el registro Memoria del Mundo. Años después, el propio cartógrafo cambió de opinión y en sus mapas posteriores, de 1513 y 1516, dejó de usar el nombre y rotuló aquellas tierras como Terra Incognita o Terra Nova. Pero era demasiado tarde. El nombre había prendido, y en 1538 Gerardus Mercator lo extendió en su mapamundi a las dos masas continentales, la del norte y la del sur.
¿Fue injusto con Colón?
La pregunta es inevitable: ¿fue Vespucio un usurpador que robó la gloria de Colón? La respuesta honesta es que no, o al menos no de manera deliberada.
Colón llegó primero, en 1492, y exploró el Caribe con una intensidad y un valor extraordinarios. Pero Colón murió convencido —o al menos públicamente convencido— de que había alcanzado las costas orientales de Asia. Su tercer viaje lo llevó hasta la desembocadura del Orinoco, y entonces escribió que aquellas aguas dulcísimas debían proceder de un río descomunal, que aquella era una tierra firme grandísima hasta entonces desconocida y que en ella se hallaba quizá el Paraíso Terrenal. Llegó a intuir la novedad, pero siguió encajándola en el extremo de Asia.
Los textos de Vespucio dieron el paso que Colón no dio. Y en un mundo donde las ideas viajan impresas, donde el libro y el mapa difunden el conocimiento, esa articulación importaba tanto como el viaje mismo. El historiador mexicano Edmundo O'Gorman lo formuló con precisión en su ensayo La invención de América: América no fue «descubierta» en un sentido físico sino «inventada» intelectualmente, y esa invención requería la capacidad de ver lo que se tenía delante y comprenderlo como algo radicalmente nuevo.
En ese sentido, Vespucio, o al menos los textos que circularon con su firma, merece su crédito intelectual. No es que robara el nombre, que le pusieron otros sin su intervención conocida: es que su nombre quedó asociado a la idea que acabó imponiéndose.
La vida de Vespucio tras la fama
Mientras el nombre «America» comenzaba a circular por las imprentas europeas, Amerigo Vespucci continuó su carrera al servicio de la Corona de Castilla. En 1508 fue nombrado primer Piloto Mayor de la Casa de Contratación de Sevilla, el cargo técnico más alto de la navegación española: le correspondía examinar y certificar a todos los pilotos que surcaban el Atlántico, y custodiar el Padrón Real, el mapa oficial y secreto que recogía todos los descubrimientos.
Era, en cierto modo, el árbitro geográfico de un mundo en expansión. Murió en Sevilla el 22 de febrero de 1512, a los cincuenta y siete años. No sabemos si llegó a tener noticia de que su nombre estaba impreso sobre el mapa del mundo.
Su figura ha sido objeto de polémicas persistentes. Ya Bartolomé de las Casas le acusó de haberse atribuido méritos que correspondían a Colón, y en el siglo XIX el ensayista estadounidense Ralph Waldo Emerson lo despachó como un ladrón y un vendedor de encurtidos sevillano. La historiografía actual es más matizada: Vespucio fue un observador atento y, sobre todo, el nombre asociado a unos textos que difundieron por Europa la idea de que el Atlántico occidental albergaba no las Indias, sino un mundo diferente. La biografía de Felipe Fernández-Armesto es hoy el mejor punto de partida para separar al personaje de su leyenda.
Cronología de Américo Vespucio
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 9 mar. 1454 | Nace Amerigo Vespucci en Florencia |
| c. 1491–1492 | Se establece en Sevilla, vinculado a los negocios de Juanoto Berardi |
| 1499–1500 | Primer viaje americano seguro, en la armada de Alonso de Ojeda; costa venezolana |
| 1501–1502 | Segundo viaje, bajo pabellón portugués; costas del Brasil |
| c. 1503 | Publicación del Mundus Novus, que populariza la idea de un «Nuevo Mundo» |
| 1505 | Se imprime la Carta a Soderini, con el relato de cuatro viajes |
| 1507 | Waldseemüller imprime el nombre «America» en su Universalis Cosmographia |
| 1538 | Mercator aplica el nombre a América del Norte y del Sur |
| 1508 | Vespucio es nombrado primer Piloto Mayor de la Casa de Contratación de Sevilla |
| 22 feb. 1512 | Muere en Sevilla |
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1454.
Para leer más
Américo. El hombre que dio su nombre a un continente
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Américo Vespucio (ed. Luciano Formisano)
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