Descubrimiento14927 min de lectura
Las carabelas: la Niña, la Pinta y la Santa María
En pocas palabras
La Niña, la Pinta y la Santa María: historia, características y papel de las tres carabelas que cruzaron el Atlántico en el primer viaje de Colón en 1492.
En este artículo
El 3 de agosto de 1492, tres naves salieron del puerto de Palos de la Frontera, en Huelva, con rumbo a lo desconocido. Sus nombres —la Niña, la Pinta y la Santa María— se convirtieron en los más célebres de la historia de la navegación occidental. Y, sin embargo, poco más que los nombres conocemos con certeza. No existe ningún plano original de estas embarcaciones, ningún dibujo hecho de ellas en vida. Lo que sabemos proviene del diario de Colón —que solo conservamos en el resumen que hizo fray Bartolomé de las Casas—, de registros notariales y de inferencias técnicas que los historiadores han elaborado durante siglos.
Esa incertidumbre ha alimentado debates que duran ya más de un siglo. Pero más allá de las discusiones sobre sus dimensiones exactas, lo que no admite discusión es lo que lograron: cruzar el Atlántico por su parte central, de este a oeste, y regresar para contarlo.
La carabela: un prodigio tecnológico de su tiempo
Para entender la hazaña, hay que entender el barco. La carabela no fue un invento repentino sino el resultado de décadas de experimentación náutica portuguesa, impulsada desde los tiempos del infante Enrique el Navegante. Su característica más revolucionaria era la vela latina —triangular, colgada de una verga inclinada—, heredada del Mediterráneo, que permitía navegar de bolina, es decir, con vientos bastante cerrados respecto a la proa. Las naves de aparejo cuadrado no podían hacerlo con la misma eficacia.
Esta capacidad de ceñir el viento fue lo que convirtió a la carabela en el barco de los descubrimientos. Los portugueses la usaron para explorar la costa africana y, con ella, aprendieron la volta do mar: para regresar contra los alisios había que alejarse del continente, adentrarse en el océano hacia el noroeste y buscar los vientos del oeste de latitudes más altas. Sin ese dominio de la meteorología atlántica y sin la carabela como herramienta, el viaje de Colón habría sido imposible. Para hacerse una idea de sus proporciones, las maquetas de carabela para coleccionistas y aficionados recrean sus líneas según las reconstrucciones más aceptadas.
La Santa María: la capitana que no regresó
La Santa María era la mayor de las tres naves y la que viajaba como capitana, es decir, la que portaba al almirante. No era, técnicamente, una carabela, sino una nao —un tipo de embarcación más grande, de aparejo cuadrado, más estable en alta mar pero menos maniobrable—. Su propietario y maestre era Juan de la Cosa, vecino de Santoña; si se trata del mismo cartógrafo que en 1500 dibujaría el primer mapa conservado que representa América es algo que los historiadores siguen discutiendo, aunque muchos lo aceptan.
Colón nunca mostró entusiasmo por la Santa María. Tras el naufragio escribió que era muy pesada y no apta para el oficio de descubrir, poco adecuada para navegar por aguas poco profundas. Su tripulación era de unos cuarenta hombres, la más numerosa de la flotilla. Las reconstrucciones le atribuyen una eslora de entre veintitrés y treinta metros y una capacidad de unos cien toneles, la unidad de arqueo de la época.
La Santa María no regresó a España. En la noche del 24 al 25 de diciembre de 1492, mientras un grumete llevaba el timón, encalló en un banco de la costa norte de La Española —en el actual Haití— y quedó irremediablemente varada. Colón ordenó desmontar su madera y con ella construyó el primer asentamiento europeo en América: el fuerte de La Navidad. Cuando el almirante regresó en su segundo viaje, el fuerte había sido destruido y todos sus hombres habían muerto.
La Pinta: la más veloz de la expedición
La Pinta era una carabela de aparejo cuadrado —llamada carabela redonda en la terminología de la época— propiedad de Cristóbal Quintero, vecino de Palos. Su capitán era Martín Alonso Pinzón, el marino más experimentado de la flotilla, sin cuyo respaldo y conocimiento del oficio es probable que Colón nunca hubiera conseguido reunir la tripulación necesaria.
Era la nave más rápida y marinera de las tres. Colón la describe en varias ocasiones navegando a la cabeza de la formación. Su tripulación rondaba los veinticinco hombres. Su capacidad se estima en torno a sesenta toneles y su eslora en unos veinte metros. Para orientarse, los pilotos se fiaban sobre todo de la brújula de navegación y de la estima; Colón llevaba también un cuadrante y un astrolabio náutico para medir la latitud, pero sus lecturas a bordo resultaron muy poco fiables.
La Pinta tiene el honor de haber avistado tierra en primer lugar. Fue Rodrigo de Triana —marinero a bordo de esta nave— quien gritó "¡Tierra!" en la madrugada del 12 de octubre de 1492, aunque la leyenda y la recompensa prometida por Colón acabaron generando una polémica que perduró siglos. Martín Alonso Pinzón murió pocos días después de regresar a España, a finales de marzo de 1493, probablemente a causa de una enfermedad contraída durante el viaje.
La Niña: la favorita del almirante
La Niña —cuyo nombre oficial era Santa Clara, aunque el apodo la eclipsó— era la más pequeña de las tres, con un tonelaje estimado de entre cincuenta y sesenta toneladas. Su capitán era Vicente Yáñez Pinzón, hermano de Martín Alonso. Partió de Palos con aparejo latino, pero durante una escala en las Islas Canarias se la transformó parcialmente para dotarla de velas cuadradas, más adecuadas para navegar con los vientos alisios en popa.
Colón la prefería por encima de las otras dos. Tras el naufragio de la Santa María, fue la nave que lo llevó de regreso a España, y la misma en la que realizó su segundo viaje. La Niña demostró ser extraordinariamente resistente y marinera. Su tripulación rondaba los veinte hombres y su eslora se calcula en torno a los quince a veinte metros, según las reconstrucciones: el tamaño de un velero de recreo grande de hoy.
Tabla de datos clave de las tres naves
| Característica | Santa María | Pinta | Niña |
|---|---|---|---|
| Tipo | Nao | Carabela redonda | Carabela latina (luego redonda) |
| Capitán | Cristóbal Colón | Martín Alonso Pinzón | Vicente Yáñez Pinzón |
| Propietario | Juan de la Cosa | Cristóbal Quintero | Juan Niño |
| Tripulación aprox. | 40 hombres | 25 hombres | 20 hombres |
| Arqueo aprox. | 100 toneles | 60 toneles | 50–60 toneles |
| Eslora aprox. | 23–30 m | 20 m | 15–20 m |
| Destino final | Naufragó en La Española (dic. 1492) | Regresó a Palos (marzo 1493) | Regresó a Palos; realizó el segundo viaje |
El regreso y la dispersión de la flotilla
La travesía de vuelta resultó más dramática que la de ida. En febrero de 1493, una fuerte tormenta atlántica separó a la Niña y la Pinta. Colón creyó que los dos barcos estaban perdidos. La Pinta, más al norte, llegó primero a la costa gallega, al puerto de Baiona, donde Martín Alonso Pinzón comunicó por carta a los Reyes Católicos el éxito del viaje —una primicia que Colón nunca le perdonó—. La Niña, tras soportar el temporal con dificultades extremas, hizo escala en las Azores y una nueva tempestad la empujó hasta Lisboa, donde Colón tuvo que entrevistarse con el rey Juan II de Portugal antes de proseguir hacia España.
Ambas naves llegaron a Palos el 15 de marzo de 1493, con apenas horas de diferencia: primero la Niña, hacia mediodía, y después la Pinta, con un Martín Alonso Pinzón ya gravemente enfermo.
Un legado de madera y viento
Las carabelas de Colón no inauguraron la era de las carabelas; la coronaron. El tipo de nave que cruzó el Atlántico en 1492 era ya una tecnología madura, refinada en décadas de exploración costera africana. Lo que Colón y sus hombres hicieron fue aplicarla a una apuesta de una audacia sin precedentes: navegar hacia el oeste durante más de un mes sin ver tierra, confiando en que algo habría al otro lado.
La Santa María se hundió en las arenas del Caribe. La Pinta y la Niña desaparecieron de los registros históricos en algún momento de los años siguientes, probablemente convertidas en leña o carcasas olvidadas en algún puerto andaluz. Ninguna réplica moderna —ni la Santa María que cruzó el Atlántico hasta Chicago en 1893 para la Exposición Colombina, ni las que se construyeron para el V Centenario en 1992, hoy expuestas en el Muelle de las Carabelas de Palos— puede afirmar que reproduce fielmente las originales. Todas son hipótesis razonadas, como la que propuso José María Martínez-Hidalgo en Las naves de Colón.
Mientras tanto en América
Lo que ocurría en otras partes del continente en 1492.
Para leer más
Las naves de Colón
José María Martínez-Hidalgo
Estudio clásico del antiguo director del Museo Marítimo de Barcelona sobre la tipología y las dimensiones probables de las tres naves.
Buscar en AmazonDiario de a bordo
Cristóbal Colón (ed. Luis Arranz)
El diario del primer viaje en la versión de Las Casas, con las noticias directas que tenemos sobre las naves y sus tripulaciones.
Buscar en Amazon1492. El nacimiento de la modernidad
Felipe Fernández-Armesto
Visión global del año 1492 que sitúa el viaje de Colón en su contexto histórico, tecnológico y cultural.
Buscar en AmazonEnlaces de afiliado: si compras, la web recibe una pequeña comisión y a ti no te cuesta más.
También te puede servir
¿Encontraste un error histórico? Escríbenos a contacto@historiadeamerica.com y lo corregimos.