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Actualidad1999 — 20139 min de lectura

Hugo Chávez y el chavismo

En pocas palabras

Hugo Chávez y el chavismo: del golpe de 1992 a la revolución bolivariana, las misiones, el petróleo y un legado que divide a Venezuela y a América Latina.

En este artículo
  1. El hombre antes del poder
  2. La revolución bolivariana: los primeros años
  3. Las misiones y el socialismo del siglo XXI
  4. El eje bolivariano y la política exterior
  5. Cronología del chavismo (1998–2013)
  6. El ocaso y la pregunta del legado

El 2 de febrero de 1999, un teniente coronel retirado de cuarenta y cuatro años tomó posesión de la presidencia de Venezuela. Prometió enterrar la «cuarta república» —el sistema bipartidista que había gobernado el país desde 1958— y construir sobre sus ruinas una «quinta república» bolivariana, socialista y antiimperialista. Pocos analistas creyeron entonces que aquel antiguo golpista llegado de los llanos llegaría a remodelar no solo Venezuela, sino el mapa político de toda América Latina durante la primera década del siglo XXI.

Hugo Rafael Chávez Frías combinó carisma personal, renta petrolera, discurso antiimperialista y un uso intensivo de la televisión en una fórmula que le hizo ganar casi todas las elecciones a las que se presentó. Su figura sigue dividiendo a los venezolanos: sus partidarios lo ven como el hombre que puso a los pobres en el centro de la política; sus detractores, como el origen de la crisis humanitaria que vendría después. La biografía de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka, escrita cuando aún gobernaba, sigue siendo el mejor punto de partida para conocer al personaje.

El hombre antes del poder

Hugo Chávez nació en 1954 en Sabaneta, un pueblo de los llanos de Barinas, en una familia de maestros de escuela con escasos recursos. En 1971 ingresó en la Academia Militar de Venezuela, en Caracas, y en los cuarteles encontró a otros oficiales jóvenes desencantados con una democracia que consideraban corrupta y excluyente.

En 1982, Chávez y un pequeño grupo de oficiales fundaron el embrión del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200), cuyo número aludía al bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar, que se cumplía en 1983. Su ideario era ecléctico: el llamado «árbol de las tres raíces» unía a Bolívar, a su maestro Simón Rodríguez y al caudillo federal del siglo XIX Ezequiel Zamora, con aportes del marxismo heterodoxo.

El 4 de febrero de 1992 intentó derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez mediante un golpe de Estado. El golpe fracasó y causó decenas de muertos. Pero su breve aparición en televisión, en la que asumió la responsabilidad y dijo que los objetivos no se habían logrado «por ahora», lo convirtió en un personaje popular. Pasó dos años en prisión hasta que el presidente Rafael Caldera sobreseyó la causa en 1994. De la cárcel salió más conocido de lo que entró.

La revolución bolivariana: los primeros años

En diciembre de 1998 ganó las elecciones con el 56 % de los votos. Llegó al poder en un país que había vivido el «Caracazo» de 1989 —una revuelta popular reprimida con centenares de muertos—, la caída del precio del petróleo, dos intentos de golpe en 1992 y la destitución de Carlos Andrés Pérez por un caso de malversación en 1993. El sistema de partidos tradicionales, Acción Democrática y COPEI, estaba en ruinas.

Su primera gran maniobra fue convocar una Asamblea Nacional Constituyente que redactara una nueva Constitución. Aprobada en diciembre de 1999 en referéndum con cerca del 72 % de los votos, la nueva Carta Magna amplió los derechos sociales, reconoció los derechos de los pueblos indígenas y reforzó el papel del Estado en la economía. También alargó el mandato presidencial de cinco a seis años, permitió la reelección inmediata y eliminó el Senado, cambios que sus críticos interpretaron como una concentración de poder en el ejecutivo.

Los primeros años del chavismo estuvieron marcados por la confrontación interna. En abril de 2002, tras una marcha opositora que terminó con muertos en Caracas, un grupo de militares apartó a Chávez y el presidente de la patronal Fedecámaras, Pedro Carmona, se autoproclamó jefe de Estado. El gobierno de facto duró unas 48 horas; el regreso de Chávez, con apoyo militar y popular, lo fortaleció. El paro petrolero opositor de 2002-2003 terminó también con una victoria del gobierno, que despidió a unos 18.000 empleados de la petrolera estatal y reforzó su control sobre ella.

Las misiones y el socialismo del siglo XXI

A partir de 2003, y con el petróleo a precios cada vez más altos, Chávez financió un amplio programa de políticas sociales conocidas como «misiones». La Misión Robinson, según el gobierno, alfabetizó a más de un millón de personas, aunque algunos estudios independientes han cuestionado la magnitud de ese logro. Barrio Adentro llevó médicos cubanos a los barrios populares y Mercal subvencionó alimentos básicos.

Las mejoras sociales de ese periodo están documentadas: según el Instituto Nacional de Estadística venezolano y la CEPAL, la pobreza por ingresos se redujo aproximadamente a la mitad entre finales de los noventa y 2012. La mortalidad infantil bajó. El acceso a la educación y la sanidad se amplió en sectores históricamente excluidos.

El modelo tenía, sin embargo, una debilidad estructural: dependía casi por completo de los ingresos petroleros, que llegaron a suponer más del 90 % de las exportaciones. La diversificación económica nunca fue una prioridad. La producción agrícola e industrial cayó mientras el país importaba cada vez más bienes básicos pagados con petrodólares.

En 2005, Chávez empezó a usar el término «socialismo del siglo XXI» para definir su proyecto. La etiqueta era deliberadamente ambigua: lo diferenciaba del comunismo soviético y lo presentaba como una vía propia. En la práctica supuso la nacionalización de sectores clave —telecomunicaciones, electricidad, siderurgia, cemento, la faja petrolífera del Orinoco—, expropiaciones de tierras y empresas, y un mayor control estatal sobre los medios: en 2007 el gobierno no renovó la concesión de RCTV, el canal más antiguo del país. Ese mismo año, los venezolanos rechazaron en referéndum una amplia reforma constitucional; en 2009 Chávez logró aprobar mediante una enmienda la reelección indefinida.

El eje bolivariano y la política exterior

Chávez usó el petróleo como herramienta geopolítica: a través de Petrocaribe (2005) vendía crudo con financiación preferente a países del Caribe y Centroamérica, lo que le aseguraba apoyos en los foros regionales. En 2004 fundó con Cuba la Alternativa (después Alianza) Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), un bloque concebido frente al Área de Libre Comercio de las Américas que promovía Estados Unidos.

Su relación con Fidel Castro fue la más duradera y simbólica de su carrera. Cuba recibía petróleo venezolano en condiciones preferentes; Venezuela recibía decenas de miles de médicos, maestros, entrenadores deportivos y asesores cubanos, también en áreas de seguridad e inteligencia. El corresponsal de The Guardian Rory Carroll dedicó a ese vínculo varias páginas de su crónica Comandante.

La retórica antiestadounidense de Chávez —llamó a George W. Bush «el diablo» desde el podio de la ONU en 2006— le granjeó simpatías en parte de la izquierda global. Sus críticos sostienen que también alejó a Venezuela de socios que podrían haber ayudado a diversificar su economía, aunque Estados Unidos siguió siendo durante todo su mandato el primer comprador de crudo venezolano.

Cronología del chavismo (1998–2013)

FechaAcontecimiento
Diciembre 1998Chávez gana las elecciones presidenciales con el 56% de los votos
Diciembre 1999Aprobación de la nueva Constitución bolivariana mediante referéndum
Abril 2002Golpe de Estado; Chávez regresa al poder unas 48 horas después
Diciembre 2002 – Febrero 2003Paro petrolero de la oposición; fracasa y refuerza el control chavista de PDVSA
2003–2004Inicio de las grandes misiones sociales; fundación del ALBA con Cuba (diciembre de 2004)
2005Chávez proclama el «socialismo del siglo XXI»
Diciembre 2006Reelección con el 63% de los votos
Diciembre 2007Derrota en el referéndum de reforma constitucional
Febrero 2009Enmienda que permite la reelección indefinida
Octubre 2012Última victoria electoral de Chávez; derrota al opositor Henrique Capriles
5 de marzo de 2013Muerte de Hugo Chávez; Nicolás Maduro asume como presidente encargado y gana las elecciones de abril

El ocaso y la pregunta del legado

En junio de 2011, Chávez anunció desde La Habana que padecía cáncer. Los dos años siguientes combinaron tratamientos en Cuba, apariciones públicas intermitentes y una información oficial escasa sobre su salud. En octubre de 2012 ganó su última elección presidencial con el 55 % de los votos, pero en diciembre viajó a Cuba para una cuarta operación, tras designar a Nicolás Maduro como su sucesor. No llegó a tomar posesión del nuevo mandato: regresó a Caracas en febrero de 2013 sin aparecer en público y murió el 5 de marzo en el Hospital Militar de la capital.

El balance de su legado sigue abierto. Sus defensores señalan los avances sociales documentados, el aumento de la participación política popular, la recuperación de la soberanía sobre el petróleo venezolano y el impulso que dio a la integración latinoamericana. Sus críticos señalan el deterioro institucional, la concentración de poder en el ejecutivo, la persecución de disidentes, la dependencia del petróleo y el hecho de que el modelo que dejó desembocó, bajo su sucesor, en una de las peores crisis económicas y migratorias del hemisferio.

La relación entre ambas etapas es objeto de debate. Los politólogos Javier Corrales y Michael Penfold, en Un dragón en el trópico, sostienen que el mismo diseño que permitió financiar las misiones —la concentración del poder, el debilitamiento de los contrapesos y el uso discrecional de la renta petrolera— sentó las bases de la crisis posterior. Los defensores del chavismo atribuyen el derrumbe, sobre todo, a la caída del petróleo en 2014, a los errores de gestión de Maduro y a las sanciones estadounidenses.

En sintonía con él, aunque con estilos muy distintos, llegaron al poder Lula en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Fernando Lugo en Paraguay. Lo que los analistas llamaron la «marea rosa» compartía el rechazo al Consenso de Washington y la apuesta por un Estado activo en la economía, con diferencias notables en el respeto a los contrapesos institucionales.

El 3 de enero de 2026, una operación militar de Estados Unidos capturó en Caracas a Nicolás Maduro, que fue trasladado a Nueva York para ser juzgado por narcoterrorismo y narcotráfico. Desde el 5 de enero gobierna como presidenta encargada Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro y figura del chavismo, designada por el Tribunal Supremo de Justicia. Su gobierno ha aprobado una ley de amnistía, ha excarcelado a presos políticos y ha firmado acuerdos económicos con Washington; a septiembre de 2026 no había calendario electoral acordado. Lo que queda del proyecto de Chávez y quién hablará en su nombre es, por tanto, una pregunta todavía abierta. La deriva posterior del país se cuenta en la crisis de Venezuela y la migración.

Mientras tanto en América

Lo que ocurría en otras partes del continente en 1999.

Para leer más

Hugo Chávez sin uniforme: una historia personal

Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka

Biografía periodística del líder venezolano, basada en entrevistas con familiares, compañeros de armas y antiguos colaboradores.

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Un dragón en el trópico

Javier Corrales y Michael Penfold

Estudio de ciencia política sobre cómo el chavismo usó la renta petrolera y el diseño institucional para concentrar poder.

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El caso Venezuela: una ilusión de armonía

Moisés Naím y Ramón Piñango (eds.)

Obra colectiva del IESA que diagnosticó en los años ochenta las fragilidades del modelo venezolano anterior a Chávez.

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